18 marzo 2010

Raíces muertas

Germiné en una isla llena de vida
donde los pájaros hacían música
las risas sonaban
no había llantos.

Era una tierra de luz
donde las flores soltaban un aroma
que llegaba a cada rincón,
como un soplo de la naturaleza.

El aciago destino quiso un día
que la tormenta más terrible jamás vista
me arrancara de cuajo de la tierra
a la que inútilmente me aferraba.

Lo siguiente que recuerdo fue despertar
en una tierra que no era la mía.
Allí los pájaros no cantaban
las risas no sonaban
ni siquiera las flores tenían aroma.

En aquella tierra de silencio
yo me deje morir.
Pero no olvidé de allí de donde venía.

Podría ser que de nuevo
un vendaval me llevase
hasta aquel paraíso de vida
que me vio nacer.

¿Pero que hace un tronco carcomido
frío
mojado
y muerto
en una tierra llena de vida?

Prefiero viajar a la deriva
y tener como cuna para siempre
el abismo infinito de un mar inmenso.